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CUARENTENA DÍA 31

Mandinga: visibilizando la cultura afrodescendiente desde el teatro

El unipersonal "Mandinga, el Diablo que vino de África" fue reconocido en el "Festival Internacional de nuevas dramaturgias", Teatro D10, siendo la elegida del público como mejor obra tras la representación a sala llena en el auditorio "Abuelas de Plaza de Mayo" del Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, la noche del 23 de febrero de 2020. Diego Damián Martínez, dramaturgo y guionista, es el autor de esta pieza que pretendió visibilizar a la comunidad afrodescendiente en Argentina.

 

Por MARIO BOTTARLINI de EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

La conocida leyenda popular nos cuenta que Mandinga es, ni más ni menos, que una versión criolla del Diablo. Sin embargo, esta vez Mandinga nos viene a contar su propia versión. Amigo, colega y antiguo miembro de este medio cooperativo, El Miércoles Digital se comunicó con Diego para conversar sobre esta obra de teatro que quiso darle voz a quienes ,muchas veces, no la tienen.

La obra para disfrutarla.

LA INSPIRACIÓN, A VECES, ES COSA E´MANDINGA

Dicen que si las musas te encuentran, mejor que te encuentren trabajando. “Y eso es lo que me pasó a mí con Mandinga”, cuenta Diego. “En general me gustan las leyendas mitológicas y la historia, y si a la historia la escriben los ganadores significa que hay otra historia, y eso es lo que yo quería contar”. Martínez recuerda conocer esta figura desde niño, este diablo negro, ligado a lo gauchesco. Hay muchas imágenes de archivo que demuestran la existencia de gauchos afrodescendientes, así que quizá Mandinga era un gaucho negro. La famosa frase “Es cosa e’ Mandinga!”, referidas a sucesos extraños o malos pasares, gualichos o cosas oscuras.

"Mandinga es, además de la representación de la cultura africana en Argentina, la diversidad cultural de nuestro país".

El texto de la obra, escrito en verso, tiene un vocabulario entre gauchesco, lunfardo, afro, rural. Las palabras “chungo”, “milonga”, “tango”, “tongo”, “marote”, están muy vinculadas a nuestras raíces africanas. Un quilombo o también cumbe y palenque es un término usado en América Latina para denominar a los lugares o concentraciones políticamente organizadas de esclavos cimarrones que se emancipaban de la esclavitud. Esta palabra también fue cargada de negatividad, y se empezó a usar de manera peyorativa para denominar a los prostíbulos, y hoy cuando hay un lío decimos “es un quilombo”. “Mandinga es, además de la representación de la cultura africana en Argentina, la diversidad cultural de nuestro país”, asegura.

TEATRO Y PERIODISMO

Diego recuerda su paso por la carrera de Locución y Periodismo, contando que se sentía más cómodo frente a una hoja en blanco que frente al micrófono. “Si bien el periodismo ha sido y seguirá siendo mi amante –al igual que la música-, mi verdadero amor es la ficción. En mi casa natal aún conservo cuadernos de cuando era niño, adolescente; desde chiquito vengo inventando historias y personajes”, recuerda Diego.

“Cuando me fui a Buenos Aires en 2013 lo hice, por decirlo de alguna manera, divorciado del periodismo. Mi intención era poner sobre la mesa mi otra vocación, la de escribir, que si bien siempre la sentí muy fuerte nunca la había tomado como posibilidad para encararlo de manera profesional. Me dije: estoy en la Capital, estoy en una ciudad donde se hace mucho teatro y cine, estoy en el lugar ideal para desarrollarme en el ámbito teatral y audiovisual. Primero fueron clases personales de guión, luego la carrera en el ISER, y al año el estreno de mi primera obra de teatro”. Tanto Mandinga como sus obras previas, tienen un alto contenido de actualidad. Consultado por El Miércoles Digital sobre esta característica, Diego confiesa que no lo había pensado pero reflexiona que tiene que ver con su formación como periodista y también en su rol de consumidor de medios de comunicación, masivos e independientes. “Tanto en Argentina como hoy en España, me mantengo siempre al tanto de las noticias de actualidad como de las cosas que mucho no se cuentan. La actualidad me sirve para que el público empatice con lo que está viendo, que esté familiarizado con la temática. También uso mucho las herramientas del periodismo de investigación cuando tengo que documentarme sobre ciertos temas al momento de escribir ficción”.

LA OBRA

En “Mandinga: el diablo que vino de África” el protagonista no es sólo quien da nombre a la obra. En el transcurso de la representación, el intérprete da un salto temporal dando vida a Matías, un afrodescendiente porteño que, al igual que sus antepasados, sufre de discriminación. Diego cita uno de muchos casos que aún suceden, como cuando en 2002 la policía aeronáutica de Ezeiza retuvo durante 6 horas a María Magdalena Lamadrid (57 años, argentina, de quinta generación, descendiente de una pareja negra de esclavos de la época del Virreinato). Le dijeron que no podía ser que fuera “argentina y negra”. El pasaporte para ellos era falso. (Diario Clarín, 24 de agosto de 2002). Es así que Mandinga contará por qué se convirtió en Mandinga. Contará que fue esclavo, que fue enrolado para luchar por la independencia del Río de la Plata. Matías, por su parte, contará que además de ser discriminado, sufre por amor. Como cualquier otra persona.

“Con Mauricio González –quien interpreta a Mandinga- ya nos conocíamos”, cuenta Diego. Trabajando en una obra con sketchs humorísticos, en un momento faltaron actores, hubo que hacer un casting, y ahí apareció Mauricio. En esa obra personificó a un inmigrante africano que en su tribu era un guerrero, pero a causa de una gran hambruna se venía a Argentina a trabajar de mantero, pasándola igual o peor que en su África natal. “Justo habían desalojado a los manteros en Flores y el Once, así que el tema estaba en boca de todos”, recuerda Diego. “En su momento me propuso escribir el sketch de una hora de duración, así que le escribí un guión estilo stand up donde –si bien interpretaba varios personajes- actuaba de él mismo”, cuenta. Mientras Mauricio entrenaba con profesionales del stand up, paralelamente Martínez investigaba sobre el tema, y fue ahí cuando comenzó a hacerle un poco de ruido. Si bien a través del humor se puede hacer una crítica social, también corría el riesgo de caricaturizar o banalizar el tema. “Me parecía que la temática se merecía otro tipo de enfoque, otro tono. Y ahí empezó a gestarse lo que después se convertiría en Mandinga”, rememora. Le dije a Mauricio “olvídate del stand up, dame dos semanas y te voy a entregar un texto totalmente diferente y comprometido”.

UN MANDINGA URUGUAYO

Siempre activo en las tablas, además Mauricio González protagonizó un cortometraje y un film independiente, ambos con un común denominador: la inmigración africana en Argentina. Esto lo llevó a involucrarse fuertemente con la comunidad afrodescendiente de nuestro país (Mauricio es uruguayo nacionalizado argentino). Tras el premio, y entrevistado por Demos Radio Audiovisual, el joven actor relataba que “soy uruguayo y vengo trabajando la temática afrodescendiente más o menos desde los 22 años. Al llegar a Argentina me encontré con una comunidad afro organizada y empecé a ver la invisibilización que tenían, un poco por el blanqueamiento de la sociedad argentina que tiende a la europeización negando a los indios y a los negros. Creo que es una decisión política el querer estandarizar los conceptos de sociedades avanzadas con esta especie de blanqueamiento”.

"Hay muchos afrodescendientes que todavía tienen que salir a la calle a probar que son argentinos".

Hablando de de su relación con el autor de la obra, Mauricio no ocultaba su asombro. “Es increíble que él (Diego) escriba esto siendo blanco. Para mí una conciencia social de esta naturaleza es muy extraña. Yo, que vivo a diario con las preguntas de dónde sos, de dónde venís, o que me escuchen hablar y que parezca que estoy doblado (risas). Es una gran responsabilidad salir a darle voz a los que no tienen voz. Hay muchos afrodescendientes que todavía tienen que salir a la calle a probar que son argentinos”.

AVATARES DE UNA OBRA A LA DISTANCIA

Hace un año atrás, ya con el texto y con el actor elegido desde el minuto uno, era momento de conseguir un director y productor en Argentina, ya que Diego estaba abocado a la producción ejecutiva desde España. “La primer persona con la que hablé fue Martín González Robles, alguien a quien conocí en mi primer obra. Retomé contacto con él, y poco a poco fue convirtiéndose en el productor que necesitaba”. Sabiendo que no iba a poder dirigir a la distancia, quedaba pendiente la tarea de encontrar alguien con formación, experiencia mínima, dedicación y con mucho conocimiento de la expresión corporal. “Cuando viví en Buenos Aires conocí no a directores pero sí compañías y escuelas de Teatro-Danza. Buscando en la web me encontré con el teatro físico de Yamil Ostrovsky (en la foto, junto a Mauricio González). Veo su currículum y quedo impresionado por sus veinte años de trayectoria, con premios y puestas en escena en lugares muy importantes, y con una formación a nivel nacional e internacional. Le escribo por Facebook con la idea de preguntarle si alguno de sus alumnos podría ser el director que estábamos buscando. Siendo sinceros, todavía me considero un autor que está dando sus primeros pasos, entonces no había pensado en él como primera opción, pero este prejuicio hacia mí mismo se vio borrado de inmediato cuando me dijo que estaba interesado. Con Martín habíamos preparado un dossier con la propuesta y los cv de todos. Se lo pasé, quedó encantado y enseguida dijo que sí”.

Fue así que el recién hallado director se reunió con el productor y el actor, y se pusieron en marcha. Yamil invitó a Mauricio a sus clases y pasaron bastante tiempo conociéndose, mientras Diego y Martín iban afinando el diseño de producción.
En enero de 2020 se vio la posibilidad de presentarse en el Festival Internacional de Nuevas Dramaturgias Teatro D’10, organizado por el Clúster de Teatro de la Provincia de Buenos Aires en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, en simultáneo con México y Ámsterdam. “Si bien se trataba de una adaptación a 10 minutos, era una manera muy buena de poner a prueba la obra y a nosotros como equipo”, recuerda Diego. El resto, es historia conocida.

MANDINGA HOY

La obra se encuentra en proceso de producción para ponerla en cartel en Buenos Aires en su versión original, y pensando su gira en festivales de teatro de otras ciudades, provincias y quizá más adelante su presentación en España, donde Diego vive. Estos planes, pensados hace apenas unos meses, han cambiado radicalmente. Hoy, la pandemia de Covid-19 ha puesto en pausa el mundo. Es por eso que, seguros que el teatro es una de las formas más potentes para sentirnos conectados, el equipo de Mandinga se queda en casa prometiendo volver a los teatros, cuando todo esto pase.

Ficha técnica de Mandinga, el Diablo que vino de África

Autor: Diego Damián Martínez
Dirección: Yamil Ostrovsky
Actor: Mauricio González

Música original: Carlos Ledrag
Vestuario: Mariana Echaide
Iluminación: Yamil Ostrovsky
Producción: Martín González Robles y DDM
Foto: Fausto Bottini
Registro audiovisual: Stella Giordano

Duración: adaptación de 10 minutos

 

Sobre el autor

Sanjosesino, 35 años. Desde temprana edad se interesó por la literatura, la música y el periodismo. Cursó la Licenciatura en Periodismo en la UCU, obtuvo la Diplomatura en Comunicación Social en la cátedra académica de la cooperativa La Vaca (Bs. As) en 2011. En el camino formó parte de varias bandas de rock, desarrollando una entrañable amistad con Alejandro Ramos. En su San José natal conformó la "Agrupación Macanuda", con jóvenes de la ciudad. También formó parte de la Cooperativa El Miércoles hasta que decidió instalarse en Buenos Aires, donde atendió un kiosco de diarios y revistas mientras estudiaba la carrera de Guiones en el ISER. Hoy reside en Murcia, España, junto a su esposa y su pequeño hijo.

 

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