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OPINIÓN

Nueva etapa, buenos augurios

De pronto, cambió el clima político. El jueves en el orden nacional, el viernes en la mayoría de las provincias, los actos de renovación de autoridades fueron suficientes para que el ánimo se presentara de un modo más auspicioso; salvo -y es entendible-  entre quienes, por imperio de la democracia, resultaron desplazados o postergados.

 

Por MARIO ALARCÓN MUÑIZ

Pero ya está. Otro período comienza en nuestro país. Los recambios institucionales fortalecen la vida democrática. Quienes se retiran, estuvieron 12 años y medio, lapso más que suficiente para haber cambiado las cosas de manera profunda y decisiva, si se lo hubiesen propuesto.

Los incrédulos de esta posibilidad, pueden recordar a Perón, a quien diez años le bastaron  para dar vuelta el país (en buena o mala forma, las opiniones son libres y respetables).

El ejemplo más contundente es el de Japón. En 1945 quedó en cenizas. Doce años y medio después, nos vendía trenes y usinas eléctricas a los argentinos.

Otro período igual llevó a Francia, Alemania, Gran Bretaña e Italia, de una destrucción estremecedora (1945) a una prosperidad envidiable (fines de 1957)

Se pueden trazar casos y cotejos a montones, para demostrar de qué manera solemos desvalorizar o desatender el paso del tiempo. Tras ocho años de Urribarri gobernador, en el hospital San Martín de Paraná esta semana iniciaron entre la gente una colecta para comprar ventiladores.

Es un dato nada más. Felizmente hay libertad para sacar conclusiones. Al final de cuentas la culpa la tiene el verano.

Detrás de la intolerancia

En contraste con  el acto de intolerancia protagonizado el miércoles por la ex presidenta, al decidir su ausencia de la transmisión del mando, respaldada por varios legisladores oficialistas, se produjeron otros episodios alentadores, orientados a la creación de un clima propicio para la solución de los problemas nacionales, que en definitiva de eso se trata. De los problemas de millones de argentinos, no de 3 ó 4 burócratas (o algunos más) que no saben vivir fuera de los cargos.

Dentro de los síntomas auspiciosos proporcionados por nuestra vibrante actualidad, se debe incluir la presencia de líderes opositores (entre ellos Daniel Scioli) en los actos de transferencia del poder, el jueves. Al día siguiente el presidente Macri se reunió con cada uno de ellos por separado, actitud común en varios países del mundo -principalmente europeos-, pero extraña entre nosotros.

Según consignan algunas versiones periodísticas Macri invitó a Scioli, su reciente contrincante más fuerte, a participar con él de un viaje al exterior para conseguir financiación de proyectos argentinos. Otro ex candidato importante del peronismo, Sergio Massa, puso sus equipos de trabajo a disposición de Macri y comentó que su generación de dirigentes “tiene la responsabilidad de renovar la política”.

Mientras tanto, el Presidente almorzó ayer con todos los gobernadores para cambiar ideas sobre la situación actual y las relaciones futuras.

 

¿Nueva política?

Entre quienes se han mostrado dispuestos a allanarse de manera inteligente a la nueva situación, corresponde incluir al flamante gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet. Estuvo en la asunción de Macri, el jueves y, por supuesto, también ayer en el almuerzo de los nuevos gobernadores con el Presidente, en Olivos. Nada de esto modifica la condición de Bordet como gobernador peronista de Entre Ríos y a la vez motiva el reconocimiento de quienes viven la política con inteligencia y realismo.

Quizá por eso en el acto de asunción de Bordet estuvo presente el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, acompañado por el senador de Cambiemos, Alfredo de Ángeli. Para completar la jornada, los tres asistieron después al juramento y primer mensaje del intendente de Paraná, el radical Sergio Varisco.

¿Hemos comenzado a vivir un nuevo tiempo? Dentro de unos meses lo sabremos. Por ahora la masa tiene buen aspecto, pero todavía está cruda.

 

Bordet, el diálogo y la gente

Bordet pronunció el viernes sus dos primeros mensajes, en la Legislatura primero y ante la gente después. Habló de un proyecto provincial de integración, probablemente superador de las diferencias entre las costas del Paraná y el Uruguay -aunque no lo dijo así- exhortando a la unidad de los entrerrianos.

Acerca del presente, no dejó de sorprender cuando superó los partidismos confiando  “en la gran oportunidad que se presenta para la Argentina” y manifestando que “es tiempo de trabajar y poner en marcha nuestros proyectos”.

En el mensaje ante la Legislatura el nuevo gobernador se comprometió a combatir el narcotráfico y ocuparse del narcomenudeo “que asola a las ciudades”.  Prometió “ordenar las finanzas públicas”, dando a entender -según algunos suspicaces- que no están debidamente ordenadas las cuentas que hereda de Urribarri, su antecesor y elector. De todos modos es sólo una interpretación.

Tampoco se mostró muy conforme con la actual política educativa porque declaró a la educación “prioridad absoluta” de su próximo gobierno. Así debe ser, después del notable descenso de nivel educativo acusado en la última década por Entre Ríos, según las estadísticas pedagógicas.

Bordet convocó finalmente a la coincidencia y unidad de los sectores políticos, sociales y económicos detrás de los objetivos comunes, garantizó el diálogo, aseguró que estará donde lo necesiten y afirmó que se entenderá con el gobierno nacional.

La nota de color la aportó Urribarri en su despedida ante la gente. Está convencido de haber sido uno de los grandes gobernadores de la historia. (Urquiza, Maciá, Carbó, Parera, Etchevehere, Maya, Uranga, apenas cuadros colgados). No habló, claro, de los sueños evaporados de las autovías Paraná-Crespo y Paraná-Diamante, de los acueductos chinos, de la fábrica de cosechadoras, del estadio único, de los ferrocarriles entrerrianos, de la línea aérea fundida, ni del mercado concentrador de Paraná para el que se asignaron 35 millones de pesos hace exactamente tres años ante el entonces ministro Randazzo y todavía es un dibujo.

No obstante, recordó su máxima actuación: el 56% de los votos logrados para su reelección en 2011. Por las dudas lo dijo dos veces en cinco minutos, como si le estuviera reprochando a Bordet que fue consagrado con el 44%.

De todos modos, iniciamos una nueva etapa con los mejores augurios. Y esto es lo que vale.

 

 

 

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