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Horacio Norberto Poggio
UNO DE LOS URUGUAYENSES VICTIMAS DEL TERROR DE ESTADO

Se cumplen 40 años de la desaparición de Horacio Poggio

Este año se cumplieron 40 del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Y este 23 de julio recordamos 40 años de la desaparición de Horacio Norberto Poggio, a quien desde la Asociación de Periodistas del Departamento Uruguay (APDU) se homenajeó hace ya algunos años, nombrándolo socio honorario de la entidad.

 

 

Por Américo Schvartzman

 

 

Se cumplen hoy, 23 de julio, cuarenta años de la desaparición de Horacio Norberto Poggio, el uruguayense que aparece en la lista de los 98 periodistas y trabajadores de prensa desaparecidos durante la dictadura militar. En la lista hay dos entrerrianos, Tilo Wenner y Poggio, éste último hijo de Concepción del Uruguay, quien trabajaba en el Sindicato de Prensa de Córdoba.

 

Aquellos años terribles, que a la distancia a veces se distorsionan en la descripción, fueron posibles porque buena parte de la sociedad, de los partidos políticos tradicionales, la mayoría de los medios de comunicación e importantes sectores del periodismo, miraron para otro lado ante lo que sucedía. El radicalismo y el peronismo, entre otros partidos, les dieron centenares de funcionarios a esa dictadura. Los medios no recogían las denuncias de desapariciones, aunque desde el propio inicio de la dictadura hubo datos firmes de lo que estaba ocurriendo. La mayoría de la sociedad, harta de la violencia política causada inicialmente por los golpes militares, respiró aliviada ante la llegada de esos mismos militares para “poner orden”. Ni hablar de las cámaras empresarias, las cúpulas judiciales y la Iglesia, que institucionalmente respaldaron (y en algunos casos hasta con entusiasmo) el “Proceso de Reorganización” que se iniciaba.

 

Esa histórica complicidad de tantos sectores suele ocultarse en las recordaciones. Pero si hubo destacados medios y grupos empresarios que se beneficiaron con el régimen cívico militar instaurado desde ese momento, también hubo excepciones que marcaron la gravedad de la ruptura institucional. Contadas pero valiosas excepciones. Entre ellas, un centenar de periodistas y trabajadores de prensa que fueron víctimas de esa oscura época de terrorismo de Estado, así como otros lo habían sido antes del golpe, del mismo terrorismo de Estado prohijado por el gobierno justicialista a través del lúgubre accionar de la Triple A de López Rega.

 

En esa lista de 98 periodistas, escritores y trabajadores de la comunicación y la prensa asesinados o desaparecidos por la dictadura militar, hay sólo dos entrerrianos: Tilo Wenner y Horacio Norberto Poggio, este último hijo de Concepción del Uruguay.

 

Horacio fue un intelectual comprometido. Radicado en Córdoba, donde se casó dos veces y tuvo cuatro hijos. Un hombre al cual le cabe la definición de Bertolt Brecht, aquella acerca de las personas imprescindibles. Presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal de Concepción del Uruguay, defensor de la educación pública en el debate de la “Laica o la libre”, fundador de organizaciones como la Cooperativa de Estudiantes Secundarios, luchador por la igualdad y para que desapareciera la pobreza, que como cuenta su hermana Isabel, “tenía pasión por los libros y prefería comprarse uno antes que ropa”. En Córdoba conoció a Agustin Tosco, con quien hizo una profunda amistad y militó a su lado.

 

Horacio trabajaba en el Sindicato de Prensa de Córdoba cuando fue secuestrado por la dictadura, a fines de julio del 76. Horacio era un hombre de la cultura, del pensamiento y de la acción. Como muchos otros que integran esa lista: como Rodolfo Walsh, a quien los represores no lo buscaban por sus escritos, aunque fuera simbólicamente muy poderoso acabar con esa pluma: lo buscaban porque era el cerebro más potente que tenía, por lejos, la ‘inteligencia’ montonera, donde era oficial; como Héctor Oesterheld,  a quien no lo ‘chuparon’ por sus guiones de historieta, por más conciencia que el Sargento Kirk, Ticonderoga o El Eternauta hubieran forjado en generaciones jóvenes, sino porque, junto a sus hijas, se sumó de grande a la lucha armada. En esa lista hay cineastas, guionistas de historietas, poetas, periodistas deportivos, empresarios periodísticos –aunque son los menos, como Edgardo Sajón–, diputados uruguayos –como Michelini y Gutiérrez Ruiz–, periodistas norteamericanos como Toni Mota...

 

En Córdoba participó del Malena, una fuerza política surgida al calor de la Revolución Cubana, que fue un intento de nuclear a los grupos de la izquierda que se venían fragmentando a pasos acelerados. El Malena contó con la participación de nombres que luego serían algunas de las figuras más trascendentes de la política y de la cultura argentinas: provenientes de distintos partidos, convivieron allí por un tiempo intelectuales como Ismael y David Viñas; junto con la mamá del Che Guevara, Celia de la Serna; también el gran Francisco Paco Urondo, junto con Pedro Milesi y Susana Fiorito, intelectuales de gran nivel, y Guillermo Estévez Boero con sus jóvenes universitarios. El grupo se disolvió en 1969. Una de sus compañeras de militancia en el Malena, definió a Horacio con estas palabras: “Era un pensador y si no hubiese pasado lo que pasó, hubiera sido un dirigente o un filósofo. No se creía mejor que nadie ni más bueno que el resto, decía que en la lucha por los ideales los primeros beneficiados éramos nosotros mismos, porque éramos felices pensando y luchando. Y él hacía lo que le daba alegría».

 

Hasta hace poco tiempo su ciudad no le había dado el homenaje merecido, por eso la Asociación de Periodistas del Departamento Uruguay (APDU) decidió reparar esa carencia, designándolo “Socio honorario” de la misma. Además, en cada nuevo Día del Periodista, esa Asociación vuelve a homenajear a nuestro copoblano Horacio Norberto Poggio. Porque Horacio pensaba, y luchaba. Circunstancialmente era empleado del Sindicato de Prensa. Pero esa circunstancia lo inmortalizó, de la peor manera: porque la represión brutal tendió sus zarpas sobre él, pero también porque la memoria de los trabajadores y trabajadoras de la comunicación no permitirá olvidarlo.

 

Al cumplirse cuarenta años de su desaparición, corresponde volver a decir: Horacio Norberto Poggio, presente. Ahora y siempre.

 

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