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Se cumplen cuarenta años del asesinato de Chilo Zaragoza: un incómodo recuerdo

Este martes 9 de junio se cumplen cuatro décadas exactas del día en que la Triple A asesinó al uruguayense Juan Ramón Chilo Zaragoza. Homenajeado en La Plata, donde desarrolló estudios y militancia, poco se lo recuerda en las efemérides “oficiales” en su ciudad y provincia de origen. Es que Chilo es una víctima “incómoda”: lo mató el terrorismo de Estado organizado desde el gobierno peronista, un año antes del golpe. Su crimen sigue impune y la causa que debería investigarlo está en manos del también uruguayense e impresentable juez Oyarbide. El oficialismo, tan afecto a apropiarse de símbolos ajenos, no quiere homenajes para Chilo, ni un lugar público que lo recuerde. No obstante, docentes, estudiantes y gremios recuperan su figura y su memoria: hoy se realizan una serie de actividades en conmemoración.

chilo zaragoza (1)

Por AMÉRICO SCHVARTZMAN de la Redacción de EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

 

Este martes 9 de junio se cumplen cuatro décadas del día en que la Triple A destrozó a balazos al uruguayense Juan Ramón Chilo Zaragoza, el primer entrerriano en la larga lista de víctimas –muertos o desaparecidos– del terrorismo de Estado en la Argentina. Al igual que los estudiantes de la Noche de los Lápices, su pecado fue pelear por la jerarquía de la educación pública. Era un militante comunista, enemigo de la lucha armada y un estudiante destacado y aplicado. Sus perseguidores lo deshonraron incluso después de muerto: su tumba en el cementerio de Concepción del Uruguay fue ultrajada. Pero Chilo, homenajeado en La Plata –ciudad donde desarrolló sus estudios y su militancia– no es recordado en las efemérides “oficiales” en su propia ciudad de origen.

Es que Zaragoza es una víctima “incómoda”: fue acribillado por el terrorismo de Estado promovido, organizado y financiado desde el gobierno peronista por José López Rega, alentado además –según denuncian distintos autores– por el mismísimo Juan Perón. Quizás por eso su crimen sigue impune y la causa que debería investigarlo –que paradójicamente está en manos de un uruguayense, el impresentable juez del poder Norberto Oyarbide– no ha tenido ningún avance.

Por su parte, el PJ gobernante en su ciudad, tan afecto en estos años a apropiarse de símbolos ajenos, en especial vinculados con los derechos humanos, no quiere saber nada con la figura de Chilo: ni homenajes formales en su nombre, ni un lugar público que lo recuerde. No obstante, docentes, estudiantes y gremios recuperan su figura y su memoria.

Chilo Zaragoza, cuarenta años después, sigue siendo un muerto incómodo para el poder y también para quienes desde el oportunismo se han presentado falsamente como impugnadores de ese poder.

 

"Eduardo Sigal se despertaba con la frente caliente y no podía creer que Juan Ramón Zaragoza estuviera muerto. Era el primer muerto político que lo había tocado de cerca: un militante de la Fede de Ciencias Exactas de La Plata secuestrado por un comando que lo tiró, horas después, baleado, en un zanjón de Berisso (…) Fue con el hermano a reconocer el cadáver. No mostró ningún signo de emoción o de debilidad: al fin y al cabo, como estudiante de Medicina, estaba preparado para ver un cuerpo muerto. Pero nunca se pudo sacar esa imagen de la cabeza. Ni siquiera en los meses siguientes, cuando las Tres A mataron a tantos otros."

(Eduardo Anguita y Martín Caparrós, en el tomo 4 de La voluntad: una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina).

 

En la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata, hay un aula que lleva el nombre de Juan Ramón Chilo Zaragoza, con una placa y su foto en recuerdo, colocadas en 1991. En La Plata funciona también un centro cultural por los derechos humanos que lleva el nombre ‘Hermanos Zaragoza’, recuperado el 9 de junio de 2001. Está en la calle 53, entre 3 y 4. Hace un par de años allí se organizó un encuentro para reconstruir la memoria de Chilo y Neco Zaragoza, convocando a familiares, amistades de ambos y a quienes los tuvieron como compañeros de estudios. En la Facultad de Exactas, además, una agrupación estudiantil muy activa lleva el nombre de Chilo. Se presenta a elecciones desde 2008.

Chilo cursaba los últimos años de bioquímica, cuando en mayo de 1975 el interventor de la UNLP, decide eliminar la carrera, reemplazándola por orientaciones de la Licenciatura en Química. Los alumnos de 5º y 6º año, con apoyo del Centro de Estudiantes, se oponen tenazmente: consiguen entrevistas con legisladores provinciales y nacionales y logran que la situación tome estado público. Chilo, activo participante en el Centro de Estudiantes y con excelentes notas, se convirtió en líder de esa lucha.

En ese contexto, y de manera inesperada para todos, se produce su secuestro y asesinato. La noche del 8 de junio de 1975 un grupo de la Triple A, la banda de asesinos fundada y prohijada por José López Rega, el ministro de Bienestar Social del gobierno de Isabel Perón, lo fue a buscar a su departamento –en calle 46 entre 3 y 4– y se lo llevaron en un Torino. Desde la Policía se comunicaron para avisar a los familiares que lo tenían detenido. Para cuando los familiares viajaron, Chilo ya había sido encontrado lleno de balazos, en Berisso. Su hermano Néstor Omar, Neco, lo identificó. En la madrugada del 9 de junio apareció el cadáver, en el balneario La Balandra. Tenía 40 impactos de balas de distinto calibre.

 

 

ALUMNO E HIJO EJEMPLAR

Es común idealizar o edulcorar las figuras de las víctimas del terrorismo de Estado. Quienes describen sus perfiles vitales suelen remarcar virtudes y soslayar defectos. Un mecanismo usual, que los entroniza como héroes, y disimula imperfecciones que manchen la imagen que se quiere reivindicar. Estas líneas no quieren caer en ese vicio al referirse al Chilo Zaragoza, pero es difícil evitarlo: todos los datos sobre su breve recorrido vital son ejemplares.

Primer hijo del matrimonio formado por su papá, Juan Ramón, Tito, trabajador del “Ministerio” y comunista convencido, y su mamá Luisa Cecchini, desde la primaria se esforzó por enorgullecerlos. Por eso el “Cuadro de Honor” y sus promedios siempre arriba de 8, por eso los abundantes “diez felicitado” en Química, pero también en Música, en Historia o en “Educación democrática” –esa materia de nombre siempre cambiante en la Argentina de golpes y democracias condicionadas–. Por eso también profesor de Música y Guitarra antes de cumplir 17, en el Conservatorio Iberoamericano. Y por eso también, siempre: el compromiso, la solidaridad, la participación, y la mirada protectora sobre su hermanito Neco.

Chilo había nacido el 14 de julio de 1953. A los 13 empezó la secundaria en la Escuela Normal Mariano Moreno, pero como no quería ser maestro (el título que otorgaba la escuela por aquellos años) al terminar tercer año se mudó al Colegio del Uruguay, aquel fundado por Justo José de Urquiza, de donde egresó como bachiller. Sus compañeros y profesores lo recuerdan como un alumno inquieto y respetuoso, capaz de discutir los contenidos de las materias con argumentos sólidos. En el Colegio –como antes en la Escuela– Chilo se destacó en sus estudios, con los puntajes más altos en cuarto año: 8.66 fue el promedio anual. Las asignaturas en las que orillaba la excelencia también muestran los perfiles de su personalidad: literatura, idioma extranjero, las distintas ciencias “duras”, pero también humanidades.

Durante su vida universitaria fue uno de los mejores alumnos de su promoción. En 1975 era alumno regular de 5º año de la Carrera de Bioquímica, y aunque cultivaba sus otras pasiones, no había perdido un solo año de su carrera. Esas otras actividades que lo encendían eran su activa militancia en el Centro de Estudiantes (CEFCE) y en la Federación Juvenil Comunista. Al mismo tiempo daba clases de guitarra para hacerse de unos pesos y, además, era uno de los más inquietos militantes del Movimiento Universitario Reformista (MUR, el brazo estudiantil de la FJC). Fue delegado de Bioquímica en la conducción del CEFCE.

En las cartas a su mamá, desgrana ternura y humor, da cuenta de sus estudios, pero también la mantiene al tanto de la actividad política: en agosto del 74, por ejemplo: “Mañana se sabe el resultado de las elecciones del Centro. Creo que ganamos seguro. Me dieron la beca: 14.000 por mes y los vales del comedor. Mañana también cobro el primer sueldo de profesor (de guitarra) (...) Por eso a partir del mes que viene no me mandes más de 5 o 10. Lo demás dáselo al Neco o comprate algo que te guste. El Neco (no le vayas a decir que te avisé pero me parece que anda estudiando poco)”. En otra carta, un par de días después, le dice a su mamá que quiere ir al campo “a andar a caballo”. En esa misma carta le anuncia “le ganamos a la JUP por 8 votos, sobre un total de 1.200 y pico”.

En la última carta que recibió Luisa, Chilo narra las últimas novedades: “Nos quieren reformar la carrera y no nos darían el título de bioquímico, sino de químico, y nos sacan materias. Y es todo una manganeta para destruir la Universidad, que es lo que quiere la Misión Ivanissevich. Así que la cosa va a estar movida”.

Oscar Ivanissevich era el ministro peronista de educación, un cirujano de ascendencia croata a quien se le atribuye la coautoría de la letra de la Marcha Peronista. Fascista confeso, miembro de un clan que protegió a nazis refugiados en la Argentina, el ministro había desatado una cacería de “subversivos” en la Universidad, bajo el auspicio del gobierno conducido por López Rega e Isabel Perón. Por eso Chilo, introduce la cruz gamada nazi en su apellido, como se ve en la carta que aquí reproducimos. (Ver facsímil).

 

Carta-Chilo (1)
Facsímil de una carta de Chilo a su madre

 

JUNIO TRÁGICO

Un año después del golpe, en marzo de 1977, manos anónimas profanaron la tumba de Chilo. Sí, en su tranquila ciudad entrerriana donde “no pasaba nada”. El odio de la derecha no tenía límites: abrieron un boquete, introdujeron por él combustible y prendieron fuego. Dejaron una inscripción que decía: “Los zurdos hijos de un millón de putas no tendrán paz ni después de muertos”. El 9 de junio, a dos años exactos de la aparición del cadáver de Chilo, su hermano Néstor, estudiante de Medicina, fue detenido en su domicilio de calle 35 de La Plata, junto con otros tres estudiantes, por un comando del Ejército Argentino. Neco nunca apareció. Luisa, ya viuda, se instaló en La Plata, donde recibió la solidaridad y el apoyo de amigos y compañeros de ambos, que conformaron la Comisión de Solidaridad con la Familia Zaragoza. Además, se sumó a los organismos de lucha por los derechos humanos, y hasta su muerte, siguió bregando, esperanzada, por la aparición con vida de su adorado Neco. Pero cerrando la tragedia que significa junio para esa familia, luego de tantos años de lucha, falleció el 9 de junio de 2002. El mismo día que había marcado dolorosamente, dos veces, la vida de esa madre.

 

 

LAS BANDERAS DEL CHILO

 

“Entrerriano como el Chilo / soñando universidá

De puerta abierta y que todos / allí puedan ingresar…

Pa formarse y ser personas / Y no pa privilegiar

Porque el saber que no sirve / pa avanzar en la igualdá…

No es saber, es pura excusa / del que sabe dominar.

Y la verdadera ciencia / es la de desparramar”.

(De Entrerriano pero en serio, inédito. A.S.)

 

Los amigos y compañeros de la Comisión de Solidaridad los definían como “ardientes enemigos del accionar de los grupos terroristas de la ultraizquierda”. Posición de la que –en el caso de Neco– ni siquiera logró desviarlo el profundo dolor por la terrible muerte de su hermano. Su sentimiento, como el de Chilo, era de “repudio a la violencia terrorista, fuera del signo que fuera”. En un homenaje público, pocos años atrás, una compañera de militancia de Chilo habló acerca de las causas por las que militó. Estas fueron algunas de sus palabras:

“Liberación o Dependencia. Por la construcción de una central única estudiantil que confluya a la construcción del frente de liberación nacional y social, por los postulados de la Reforma Universitaria (cogobierno, universidad abierta al pueblo, de excelencia y al servicio de las necesidades populares). Estas eran las banderas que como militante levantó Chilo. Su secuestro y asesinato apuntó a frenar la lucha de los alumnos de Bioquímica (de los cuales era delegado) contra la modificación del Plan de Estudio que impulsaban sectores reaccionarios. Luchábamos contra el cientificismo y la imposición de líneas de investigación a través de subsidios a la investigación”.

 

ACTIVIDADES PARA RECORDARLO

Este martes 9 de junio se realizan en su ciudad natal una serie de actividades para recordarlo: a las 10.30, un homenaje donde fuera su casa –Rivadavia 428– donde se descubrirán placas conmemorativas. Luego, a las 15.30, una ofrenda floral frente al panteón que guarda sus restos. Y a las 20 en la sede del gremio docente AGMER, una charla titulada “La Triple A, el Terrorismo de Estado y el modelo de dominación en la memoria de Chilo Zaragoza”. La dictará José Schulman, secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, responsable de Derechos Humanos del PC y querellante en la causa Brusa en Santa Fe.

Los organizadores son estudiantes y docentes de la EET Nº 3, la Escuela Secundaria Nº 26 “Bicentenario” y la EET Nº 1 “Ana Urquiza de Victorica”, en el marco del Programa Provincial “Jóvenes x la Memoria”. Como parte de ese trabajo, en estos días pintaron un mural que lo recuerda (ver imagen).

Chilo -Mural alumnos y profesores
El mural pintado por alumnos y docentes la semana pasada.

 

En los 80, cuando eran muy pocos los que se acordaban de los hermanos Zaragoza (o de cualquiera de los uruguayenses víctimas del terrorismo de Estado), el músico Germán Reynoso compuso en homenaje a Chilo –quien había sido su amigo en la adolescencia– una canción llamada Nube de paso, registrada por el grupo Ensamble, con la voz de Julia Díaz. Allí Germán lamentaba que “en esta madrugada / no está presente / toda la gente que quiero / por causas muy diferentes / algunos que los mataron y otros que nunca más volvieron”. Durante muchos años fue el único en la ciudad que, en público, recordaba a Zaragoza, cuando el temor, la vergüenza o el pesar se lo impedía hasta a sus propios familiares. Este martes, Julia Díaz y Román Rios –ambos ex integrantes del grupo Esnamble– la interpretarán en la casa que fuera de Chilo.

OYARBIDE Y LAS PARADOJAS

Los crímenes de la Triple A siguen impunes. Y el peronismo gobernante, tan afecto al discurso de los derechos humanos, no parece dispuesto a ir a fondo cuando la investigación amenaza con cavar alrededor de quienes dieron origen a su propio movimiento. Miguel Bonasso, en su libro El Presidente que no fue, atribuye al propio Perón la idea de crear esa organización paramilitar que antecedió al terrorismo de Estado y que, según Rodolfo Walsh, demostró que “las Tres A eran las Tres Armas”. Cuenta Bonasso en ese libro que Perón le había dicho a Oscar Bidegain algo extraño, que su hija Gloria tardaría años en descifrar: “Lo que hace falta en Argentina es un Somatén". El Somatén era un cuerpo represivo extraoficial creado durante el franquismo después de la caída de la República. Eso permite –junto a otros indicios– que no pocos investigadores atribuyan al creador del peronismo la existencia de la terrorífica organización que asesinó, entre tantos otros, a Chilo Zaragoza.

Las casualidades y las paradojas en la historia de Chilo y su familia no terminan aquí. Falta una, quizás, más amarga. La causa judicial caratulada “Almirón, Rodolfo Eduardo y otros sobre asociación ilícita - Triple A” era un desprendimiento de una de las investigaciones más viejas de la Justicia Federal, abierta desde 1975. El juez que terminó a cargo de ese trámite aseguró que los asesinatos de la Triple A son delitos de lesa humanidad, por lo tanto no prescriben. Por haber sido cometidos desde el aparato del Estado, “bajo su amparo y garantía de impunidad”, fueron “la antesala del plan sistemático” de la dictadura y son también terrorismo de Estado.

En el marco de esa causa se investigaba el crimen de Chilo y otra decena de asesinatos, y entre sus imputados, además del Almirón del título, se encontraba la ex presidenta María Estela Martínez de Perón, cuya extradición fue rechazada por la justicia española. El juez de la causa era Norberto Oyarbide, uruguayense como Zaragoza. Lo único que hizo para avanzar –más de tres décadas después– fue pedirle, mediante un oficio, a la Delegación de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia, que le informara sobre “personas que puedan aportar datos y hechos sobre el asesinato de Juan Ramón Chilo Zaragoza”. La diligente Subsecretaría respondió que había “un trabajo periodístico de la revista El Miércoles en donde se narran los hechos que solicita”. Y le mandó un ejemplar del Informe sobre los desaparecidos uruguayenses, reimpreso en 2010 por esa dependencia burocrática. Fue lo único que tenía para aportarle.

Cuarenta años después, Chilo Zaragoza sigue esperando justicia. El reconocimiento de sus vecinos es apenas una pequeña parte de la justicia que se le debe.

 

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