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NUESTROS CAÍDOS EN MALVINAS

A 37 años: Iluminados por el recuerdo

Hay una historia reciente que de a poco va saliendo a la luz, y que es nuestro deber revisar para no perder la memoria de lo ocurrido. En la Guerra de Malvinas murieron 649 argentinos. De ellos, 323 durante el hundimiento del crucero Belgrano. Como lo popularizó la película “Iluminados por el fuego”, muchos murieron después a causa de los suicidios. En la Guerra cientos de argentinos, en su mayoría jóvenes, lucharon en condiciones adversas, muchos pasaron frío o hambre.  Otros, debieron sufrir torturas o ser estaqueados por sus superiores.

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Por VALENTÍN BISOGNIde la redacción de EL MIÉRCOLES DIGITAL (*)

 

 

Nuestra zona no estuvo ajena a ese conflicto bélico: entre Concepción del Uruguay y Basavilbaso hubo cuatro caídos en combate, a quienes es necesario conocer. Este informe quiere aportar en este sentido para conocer a estos protagonistas a 35 años de la Guerra, a través del recuerdo de sus familiares, a quienes les agradecemos la disposición con la que recibieron a los cronistas de El Miércoles.

 

JULIO OMAR BENÍTEZ

Nació en Basavilbaso el 22 de enero de 1962. Cursó sus estudios primarios en la Escuela N° 91 La Pampa. Fue dado de alta como marinero de primera el 1° de febrero de 1979. Destinado a la Escuela de Suboficiales Martín Jacobo Thompson, egresó en diciembre de 1980 como cabo segundo del escalafón de navegación. Realizó cursos en el Centro de Instrucción y Adiestramiento sobre Lucha Contra Incendio y el de Control de Avería e Incendio en 1981 y ese mismo año aprobó cursos de artillero.

Entre julio de 1981 y enero de 1982 se desempeñó como maquinista alcanzando un alto rendimiento en razón de su velocidad y precisión en la ejecución de los trabajos. Convocado a cumplir funciones en la Dirección de Prefecturas de Zona, Servicio de Patrullaje, integró la tripulación del GC-83 (Guardacostas 83) Río Iguazú de activa participación en la Operación Cormorán en el teatro de operaciones de las Islas Malvinas.

El 22 de mayo, el guardacostas en que se hallaba embarcado fue atacado por una patrulla inglesa de aviones Sea Harrier, mientras navegaba en el seno Choiseul, Julio Omar resultó mortalmente herido mientras operaba la ametralladora Browning 12,7 mm, en el que es considerado el primer combate aeronaval entre una unidad de superficie y una unidad de aire. Benítez fue inhumado en el cementerio de Puerto Darwin el 24 de mayo, con las honras fúnebres correspondientes, habiendo merecido la condecoración “La Nación Argentina Muerto en Combate” y su promoción –post mortem– al grado inmediato superior. Luego se le otorgaron otras condecoraciones de importancia entre ellas las “Palmas Sanmartinianas por el Instituto Sanmartiniano de la República Argentina”.

En su memoria a lo ancho y largo del país se encuentran emplazados cenotafios, paseos públicos, escuelas, aulas de escuelas, la terminal de ómnibus de Basavilbaso, calles, y en la Prefectura de Zona Bajo Uruguay, aquí en Concepción del Uruguay un busto y la plaza de armas llevan su nombre. En 1997 su hermana Viviana viajó a Malvinas, y visitó la tumba en el cementerio argentino de Darwin a 17 kilómetros de Puerto Argentino. En ese mismo viaje había ido Roberto Labalta hermano de Oscar Eduardo. Viviana tomó la primera comunión en una misa realizada en el cementerio de Darwin.

 

OSCAR EDUARDO LABALTA

Oscar Eduardo Labalta nació el  3 de junio y fue anotado el 15 de junio de 1964, en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. Fue el segundo hijo varón de la familia. Fue bautizado en la iglesia Santa Teresita, el 24 de junio de 1964.

“Sus días de infancia transcurrieron felices en la casa de la calle 12 de Octubre, en el barrio Santa Teresita. Sus juguetes preferidos fueron camiones y autitos; y le agradaba jugar solo, o en compañía de pocos niños, o con su hermano Miguel. También  solía jugar en la plaza ‘12 de Octubre’. Era muy tranquilo, algo tímido, más bien callado, y este carácter lo mantuvo hasta su juventud. Era muy colaborador, ayudaba en las tareas de la casa.  Cursó primer  y segundo grado en la escuela N°88 ‘Provincia de Buenos Aires’, de Concepción del Uruguay, con excelentes notas” recordaron sus familiares a El Miércoles.

En el año 1972, cuando tenía  8 años, se trasladaron, por la carrera de su padre, a la ciudad de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Rio Negro, donde iniciaron una nueva vida.

“Contrariamente a lo que pensamos, Oscar y sus hermanos se adaptaron rápidamente al  entorno de esta ciudad, su clima y sus costumbres. Comenzó tercer grado en la escuela ‘Frontera N° 266’ trasladándose luego a la escuela ‘ N° 44 de Puerto Moreno’ egresando en el año 1977. Sus estudios primarios transcurrieron con excelentes promedios  ya que era muy buen estudiante, y muy responsable” detallaron.

SU CARRERA MILITAR

“A los catorce años ingresó a Liceo General Roca, de Comodoro Rivadavia, allí curso el primer año y luego abandono; extrañaba mucho a su familia y sus afectos. A los 16 años ingresó a la Escuela para Suboficiales General Lemos, en la provincia de Buenos Aires, en la especialidad de intendencia. Sus calificaciones durante el primer año de carrera fueron muy buenas, allí había encontrado realmente su vocación” contaron.

“Luego de terminar primer año volvió  a Bariloche a pasar las que serían sus últimas vacaciones junto a nosotros (de diciembre a febrero).  Al  regresar a Buenos Aires en el mes de febrero de 1982, para cursar su segundo año, luego de cursar sólo un mes, fue ascendido a ‘cabo de reserva’, y lo destinaron al Batallón logístico Nº3 de la ciudad de Curuzú Cuatiá , en la provincia de Corrientes . Allí permaneció alrededor de un mes. A los diez días de declarada la guerra, el 12 de abril partió hacia las islas Malvinas”.

LAS ÚLTIMAS CARTAS

“Recibimos tres cartas de Oscar, entre otras cosas, nos relataba su dolor e indignación por no tener  a veces que comer, y por el frío que pasaban. En una de sus últimas cartas, nos pedía que le escribiéramos, que estaba ansioso por recibir noticias de su familia, nosotros, por supuesto, le habíamos escrito muchas cartas, pero él nunca las recibió, ninguna de nuestras cartas llegó a sus manos”.

“Oscar falleció en combate el 11 de junio de 1982. Fueron muchas las versiones acerca de su deceso, algunos contaron que lo hirió una bala; otros argumentaron que estaba en un fogón y se dirigía al puesto para hacer guardia y  fue alcanzado por un proyectil de cañón”.

“Allí en las Malvinas  estrenó sus 18 años y allí entregó su vida, por su patria, por su bandera… Oscar está sepultado en las Islas Malvinas” dicen sus familiares.

 

CARLOS MISAEL PEREYRA

Nació el 18 de diciembre de 1956 en Maciá (departamento Tala) y a los 4 años viajó a Concepción del Uruguay con su familia. Hijo de Antonio Misael Pereyra y Margarita Capurro, era el sexto de diez hermanos. Estudió en la Escuela N° 88 Buenos Aires pero terminó la primaria en el Colegio Don Bosco. Desde los 7 años ayudaba en la panadería de su familia y a los 14 comenzó a trabajar en ese rubro.

Se casó con Elsa Beatriz Cremona el 9 de enero de 1976 y el 14 de septiembre del mismo año nació su primera hija Verónica (actualmente gendarme). Pereyra trabajó en una empresa constructora y en octubre de 1977 ingresó al Escuadrón 6 de Gendarmería, donde hizo el curso de gendarme. El 18 de enero de 1978 nació su segundo hijo Marcos (que se incorporó a la Policía de Entre Ríos). Ese año fue destinado a Paso de los Libres, provincia de Corrientes. En 1980 fue trasladado a la Escuela de Suboficiales de Gendarmería en Jesús María, Córdoba. Estudió y se recibió de cabo, obteniendo el mejor promedio.

En 1981 lo trasladaron al Escuadrón 36 de Esquel, Chubut. El 27 de mayo de 1982 fue convocado y salió de su hogar hacia Comodoro Rivadavia. Dos días después llegó a Malvinas. Había volado en un avión al ras del mar, según contó él mismo por carta a su mujer. El 30 de mayo fue el bautismo de fuego de Gendarmería. Él iba en un helicóptero Puma llevando provisiones y armamento, salieron de Puerto Argentino y cuando sobrevolaban la península Fresinet, fueron alcanzados por un misil tierra-aire. El helicóptero –en el que viajaban 15 personas– perdió el control y luego logró aterrizar, pero al hacerlo murieron seis gendarmes, entre ellos Pereyra. La Gendarmería tuvo siete bajas durante el conflicto bélico.

Aunque en ese momento Carlos no lo sabía, su mujer estaba embarazada de su hijo varón, Carlitos, que nació el 17 de diciembre de 1982, un día antes del cumpleaños de su padre. No se encontraron restos ni pertenencias debido a la explosión. Luego de la guerra fue elevado su rango a cabo primero (post mortem). “Le gustaba su trabajo” contó Elsa a El Miércoles. “Fue convencido de lo que hacía, no le gustaba que vayan los colimbas, se sentía mal y estaba en desacuerdo, decía que a la guerra debían ir los que cobraban un sueldo y tenían instrucción”. Carlos Pereyra, su hijo, se recibió en el 2005 de subalférez.

En 1991 Elsa y sus tres hijos pudieron ir por primera vez, en un viaje organizado por la Cruz Roja Internacional, y visitaron el cementerio argentino de Darwin, bajo un régimen de máxima seguridad. Con ellos también viajó la mamá de Benítez, Idilia (que vive en Basavilbaso). El 12 de marzo de 2000 su hija Verónica viajó pero con mayores libertades y pudo recorrer Puerto Argentino. Su mujer lo recuerda como alguien “muy alegre y jovial, nunca estaba de mal humor, vivía haciendo chistes y bromas. No se enojaba con sus hijos, era peor que los gurises, inclusive ante las necesidades y problemas económicos abría la puerta y decía: ‘¡Qué lindo día!’”. También da su opinión: “Él cobraba un sueldo por defender al país, y le tocó morir. Me gustaría que pase a la historia porque era un gran padre y no un San Martín… Muchas veces se agranda o exagera la historia y a los jóvenes hay que contarles la verdad”.

En 2016, se emplazó en el Escuadrón N°6 de Gerdarmería Nacional, en Concepción del Uruguay, un busto de Carlos Misael Pereyra, en su conmemoración. La obra estuvo a cargo del escultor Mario Morasán y el acto de inauguración con la presencia de familiares, autoridades y uniformados.

 

SERGIO LUIS ISELLI

 Nació el 23 de enero de 1963 en Concepción del Uruguay. Estudió la primaria en la Escuela 3 Urquiza y la secundaria en la ENET 2 Francisco Ramírez. “Después me dijo que se sentía atraído por la carrera de las armas, e ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada” contó su madre Emilia Celina Gómez de Iselli. “A los tres o cuatro años lo pasaron a la Base Belgrano y después ya vino la maldita guerra ésa”.

El crucero General Belgrano en el que viajaba fue torpedeado y hundido por el submarino atómico inglés HMS Conqueror, el 2 de mayo: murieron 323 hombres, cuando el crucero se encontraba a 35 millas náuticas al sur del límite de exclusión impuesto por la corona británica. Un verdadero crimen de guerra. “Lo dieron por desaparecido, viajé a Buenos Aires al edificio Libertador, preguntamos qué diferencia hay entre un muerto y un desaparecido, y nos contestaron que es porque el cuerpo no se encontró, nada más”, expresó Emilia en diálogo con El Miércoles.

Sergio tenía 22 años y era soltero. Cabo segundo de Artillería, “era muy buen hijo, todos los viernes se venía de Buenos Aires en colectivo a las 3 de la mañana para estar hasta el lunes con la familia”, recordaba emocionada su madre.  “Yo nunca acepté que mi hijo esté muerto, dos veces al mes sueño con que él y yo, salimos a pasear caminando por el agua”.

“Nunca voy a los homenajes por el tremendo dolor que tengo adentro, no lo puedo admitir como muerto, iban mis hijos, yo nunca quise”. Decía mientras señalaba las medallas recibidas y agregaba: “Yo a eso no le doy bola. Yo quería que llegara él…”.

Durante el conflicto bélico una vecina (Mercedes Escalante) recibió cinco llamados, y cada vez que se levantaba a contestar, no escuchaba la voz de nadie, sólo un fuerte silbido, como el del viento del sur. Pensaban que era él que se quería comunicar.

Cuando vinieron después de la guerra a querer darle un subsidio, se negó a recibirlo “era como vender mi hijo, cambiar a mi hijo por plata”. “A mí me hablan de muerto o fallecido pero yo aún tengo la esperanza de que vuelva”, asegura Emilia. Se aferra a algunos elementos que le acercaron compañeros de su hijo algunos meses después de la rendición: le aseguraron que lo vieron subir a una balsa y que fue rescatado por un barco, cuya nacionalidad o fuerza ignoraban. También recordó un dato: según cuenta, la revista Libre publicó a mediados de 1983 que había 230 marinos argentinos presos en una base de torpedos de Irlanda del Norte. “Lo declaró un monseñor, inclusive”, asegura Emilia, quien conserva su fe: “Una madre siempre espera, soy muy creyente y le pido a Dios todas los días”.

 

(*) El artículo original fue publicado en el número 209 del semanario El Miércoles, el 5 de abril de 2006. En todos estos años en la edición digital se han hecho correcciones y agregados a medida que fueron apareciendo testimonios de familiares, amigos y/o conocidos de nuestros héroes.

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