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Dirigente kirchnerista uruguayense reconoce "un amargo sabor a desilusión" por la situación actual

La docente uruguayense, ex precandidata a diputada nacional por Unión Ciudadana en 2017, Valeria Gómez, volvió a cuestionar al macrismo por el endeudamiento externo, pero también cuestiona al actual Gobierno nacional por sus "inacciones o acciones que no llegan".

 

Gómez es locutora egresada de la UCU, y profesora de Literatura recibida de la Facultad de Humanidades Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader).

En las elecciones internas primarias para elegir candidatos a diputados nacionales, integró la lista 10 llamada "Unión Ciudadana" en segundo término detrás del paranaense Jorge Rubén Barreto. En esos comicios hubo 10 listas en el Justicialismo, en las que se impusieron Juan José Bahillo (Gualeguaychú); Mayda Cresto (Concordia); Gustavo Zavallo (Viale); Carolina Gaillard y Claudia Gieco (Diamante), de la lista 2 "Somos Entre Ríos".

Sin ambargo, esa lista hizo una buena eleccion en Concepción del Uruguay, a tal punto que sólo perdieron por 900 votos contra el oficialismo partidario (Ver: La Lista 2 de Bordet y Lauritto ganó la interna pero el festejo fue de la Lista 10 de Gómez)

Luego de esas elecciones no volvió a integrar ninguna lista en los comicios siguientes.

Sin embargo, a través de sus redes sociales no se priva de opinar sobre diferentes puntos de la realidad política y económica, como lo hizo ahora a horas de la designación de Sergio Massa como ministro de Economía del país.

El texto en su cuenta de facebook, donde expresa su disconformismo generalizado, dice esto:

Ya no hay tiempo para más desilusión

“Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar, sin esperar”

Así es como sentimos hoy una gran parte de los argentinos y argentinas, el tiempo de esperar se nos está acabando, no por impacientes, sino porque necesitamos abrir otra página que no sea escrita con desilusiones.

Escuchaba en estos días cientos de homenajes a Eva, esa mujer de nuestro tiempo, que nos enseñó de irreverencia y de inconformismo. Escuchaba y pensaba desde qué lugar sembrar esa irreverencia a no conformarnos con las cosas que estamos viviendo.

Porque el tiempo de esperar se nos viene encima, en cada período o ciclo de crisis que nos atraviesa y que nos pesa en la espalda.
Los que estamos abajo estamos viendo con mucha desconfianza cuál será el resultado de las últimas decisiones en el país y no queremos quedarnos sentados con un bozal en la boca. Necesitamos que alguien se ponga en nuestra piel y sea nuestra voz.

Luego del período de endeudamiento más grande que se tenga conocimiento en la historia económica argentina, llevado a cabo por el macrismo, nos vimos en la necesidad de volver a creer en algo que nos saque de ese lugar.

Estratégicamente, confiamos en 2019 en la posibilidad de un gobierno que nos vuelva a organizar la vida que nos habían desorganizado, con tarifazos, deuda, ajuste, represión.

Sin embargo, por estos días, toda la esperanza depositada se nos escurre entre inacciones de gobierno o acciones que no llegan.
La única verdad es que sumado a todo lo que vivimos en la anterior etapa neoliberal, la desazón de no encontrar un rumbo nos deja otra vez, un amargo sabor a desilusión.

Sabemos que el actual gobierno no tomó jamás una medida recesiva, ni en contra de las clases populares, ni en contra de los trabajadores, pero también sabemos y debemos decirlo: se equivocó cuando no tomó medidas ante los grandes especuladores de siempre. Y eso es lo que no nos permite seguir confiando, porque rifó, en gran parte, la confianza que le brindamos y que hoy está en juego y corre peligro.

Los argentinos y argentinas nos merecemos vivir en un lugar que nos brinde las mismas posibilidades a todos y no solo a una mitad de nosotros. Somos merecedores de un gobierno que no se someta y no se deje torcer el brazo.

También tenemos que decir que no creemos en esos falsos salvadores que propugnan odio hacia la política.

La política, la buena política, la que toma decisiones en pos de las mayorías, de los más postergados, de los invisibles, de los que trabajan, la política que se muestra fuerte para luchar contra los poderosos en favor de los últimos de la fila, es y seguirá siendo la única vía para transformarlo todo.
Mucho cuidado con aquellos que vienen a mentirnos. Los que nos venden en momentos de debilidad que hay que animarse a cambiar. Cuidado, porque son ellos mismos los que nunca gobernaron a favor del pueblo. Son ellos los que tomaron deuda y cuando te prometieron todo lo que te prometieron no solo no cumplieron, sino que hicieron todo lo contrario.

A esos falsos profetas, a los mentideros seriales hay que ponerles un freno, porque podemos sentirnos un poco derrotados, pero no vencidos.
La esperanza tiene que seguir puesta en todos nosotros, los de abajo, los trabajadores que no agachan la cabeza ante el patrón, los jóvenes que prometen futuro, las mujeres que ponen todos los días su fuerza, su sensibilidad, su inteligencia y toda su lucha para sacar adelante familias enteras, nuestros adultos mayores que forjaron el camino que nos precede.
Nosotros somos el germen de esa esperanza que tiene que empezar a gestarse.

Hay que ponerse en marcha, no esperar a nadie, modelar nuevas formas de hacer política, la buena, la que invita a florecer sin mezquinar, la que da sin pedir, la que hace sin mostrar, la que promete futuro, la que invita a caminar, la del boca en boca, la del apretón de manos, la de caminar juntos, la que hace brillar los ojos.

No hay tiempo para más desilusión, solo tenemos un tiempo y será para armarnos fuertes ante los que nos quieren tristes y abatidos.

 

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