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Ni el affair Insaurralde ni el “caso Chocolate” impactaron en el debate

Este domingo fue el primer debate presidencial de los dos previstos antes de las elecciones del 22-1O. Sergio Massa salió indemne. Para Patricia Bullrich también hay que reconocer a las víctimas de la guerrilla. Javier Milei “se olvidó” de sus vouchers educativos. Juan Schiaretti, de Córdoba para el resto del país. Y Myriam Bregman, afilada, sacó a pasear a todos. 44 puntos de rating.

 

Todavía burbujea el champagne de Marbella y sin embargo acá, en Santiago del Estero y a orillas del río Dulce, el “escándalo Insaurralde” no lastimó como se especulaba. Tampoco el Caso Chocolate, alias de Julio Rigau, el empleado de la Legislatura bonaerense, que usaba las tarjetas de débito de 48 compañeros de trabajo para retirar sus sueldos. Sergio Massa, el candidato de Unión por la Patria, sobrevivió al primer debate presidencial haciendo silencio y anuncios. También pidió disculpas, tampoco tomó riesgos. En el saludo final, Javier Milei, líder de la Libertad Avanza y su principal oponente, le estrechó la mano sin mirarlo.

Patricia Bullrich, de Juntos por el Cambio, saltó del mapa rápido empujada por Massa y por Milei. Insistieron ambos, en instancias diferentes, pero Bullrich no pudo explicar cuál es su propuesta económica. Ella quiere “exterminar” al kirchnerismo y “terminar” con los piquetes. A Bullrich siempre le preocuparon los temas del tránsito. El libertario dejó en claro este domingo su postura negacionista. Dijo que no son 30.000 los desaparecidos durante la dictadura sino 8.753.

Juan Schiaretti, de Hacemos por Nuestro País, llegó unas horas antes del horario fijado para el debate y se sentó en la banqueta a los pocos minutos de haber arrancado. Habló de federalismo pero nunca dejó de mencionar Córdoba, la provincia que gobierna. Córdoba es es, para él, páramo, parámetro y panacea. Milei lo pinchó: el libertario quiso saber si sería capaz -del modo en el que uno preguntaría si “tiene huevos”- de sumarse a su espacio: Sí, sí, pero si no afecta a Córdoba“, dijo -más o menos- Schiaretti.

Myriam Bregman. Así, oración unimembre. Candidata del Frente de la Izquierda y los Trabajadores -Unidad, Bregman no sólo fue con la tarea hecha sino que expuso a sus contrincantes acusándolos de haberse preparado poco para el encuentro: “Ah, eso también lo sacaron de Twitter”. Este fue, acaso, su mejor debate. Posiblemente no cosechará votos. Pero aprovechó todo el espacio de quien no tiene nada qué perder y sí tiempo para seguir ganando. A Milei le preguntó: “Que niegues la brecha de género, ¿es de machista o de ignorante?”. A propósito: las agendas de género escasearon.

Pasó el primero de los dos debates presidenciales previstos antes de las elecciones del 22-O, con 44 puntos de rating. Una ida y vuelta tibio para semejante crisis. Los cinco candidatos se vieron cara a cara para discutir y proponer en torno a temas sensibles y actuales: economía, educación, derechos humanos y convivencia democrática. El último round será el domingo en la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Los temas de la velada serán seguridad, trabajo y producción, y desarrollo humano, vivienda y protección del ambiente.

El “decilo, decilo” de Massa, los micrófonos apagados y la queja de Milei

Llegó a decirse en la previa del debate que la idea era molestar a Milei hasta que reviente en vivo. Y Milei estuvo a punto. Fue cuando Massa lo instó a que pida disculpas al Papa Francisco por haberlo insultado en público. El libertario respondió que él ya había pedido perdón por eso. Massa, mirando fijo a la cámara que tenía enfrente, negaba con la cabeza mientras repetía “decilo, decilo”. Pero los micrófonos estaban cerrados para todos. Es decir: Milei podía escuchar lo que las audiencias apenas podíamos leer en los labios. “Ustedes no lo pueden escuchar pero yo sí y me interrumpe igual”, se quejó Milei ante los moderadores, Lucia Trujillo y Esteban Mirol.

De paseo por el mundo (de la economía turbia)

La economía es el fuerte de Javier Milei, que insiste con dolarizar un país sin dólares. “Zimbawe, Ecuador y El Salvador. Eso es lo que te propone Milei (...) El destino de las pymes está condenado si este señor gobierna la Argentina”, dijo Massa en su exposición. Se plegó Bullrich: “De todos los países del mundo, hay muy pocos que no tienen Banco Central. Si yo les digo cómo se llaman, ustedes no saben dónde quedan. Kiribati, Tuvalu y Micronesia. Todos son paraísos fiscales”.

En el primer bloque del debate, el de Economía, el candidato oficialista hizo una serie de anuncios para resolver, entre otros temas, la inflación, los problemas en el sistema tributario, la fuga de capitales. Avisó que creará una “moneda digital argentina”, una ley de blanqueo, y que habrá penas más duras para evasores y fugadores. Fue el único que ofreció posibles soluciones. Sus contrincantes fueron duros.

Bullrich alentó su política del fin: “borrar” la inflación, “nadie aguanta más”, “conmigo esto se acaba”, “sin atajos”. Dijo que tiene un programa. No pudo, sin embargo, detallarlo. “¿Qué va a hacer con la leliq?”, asestó Milei. Pato hizo agua. Bregman fue por Milei, lo comparó con Domingo Cavallo. “No es un león, es un gatito mimoso del poder económico”, dijo y cerró el bloque.

¿Y los vouchers educativos, Milei?

Antes y durante la campaña. En su plataforma electoral y en el plan de Gobierno. En entrevistas con periodistas amigos. La Libertad Avanza siempre habló de un sistema de vouchers. Esto significa que parte de los ingresos de los ciudadanos financien un pozo que se reparta entre todos; quien tenga el voucher puede invertirlo en la institución que desee. El argumento es que esto “alienta” la competencia entre escuelas. Es una forma, también, de convertir en mercancía un plan de estudios. Pero para el segundo bloque, el de Educación, Milei no nombró el sistema de vouchers.

Resaltó, en cambio, el ministerio que quiere crear, el de Capital Humano, que tendrá cuatro áreas: Niñez y Familia, Salud, Educación y Trabajo. “Se acabó esto de la asistencia esclavizante de darles el pescado. Nosotros les vamos a enseñar a pescar, a crear la caña de pescar y si es posible que aprendan a tener una empresa de pesca”, deseó, en vivo, el libertario. Parece que a los vouchers los mutearon un rato.

Para Bullrich también hay que reconocer a las víctimas de la guerrilla

“Los muertos de las organizaciones armadas, tanto civiles como militares, tienen que ser reconocidas”. Así abrió Bullrich el último bloque, dedicado a derechos humanos y convivencia democrática, el tópico elegido por las audiencias. Esa declaración significa una toma de posición de la candidata de Juntos por el Cambio, que formó parte de Montoneros. Y también un alineamiento -¿o un guiño?- con La Libertad Avanza. Es el mismo reclamo que lleva adelante y hace muchos años la compañera de fórmula de Milei, Victoria Villarruel. Igual a Patricia le preocupan los piquetes. No los reclamos, le preocupa que el tránsito no fluya.

Santiago Maldonado. Rafael Nahuel, asesinado por la espalda. Un femicidio por día en el país, promedio. Trabajadores despedidos. Programas sociales recortados. Cortes de luz. Bregman enumeró en su derecho a réplica. Acusó a Bullrich, dijo que “todas sus políticas implican represión”. También cargó contra Milei.

Y Milei se defendió. A su turno dijo que “los liberales hemos sido acusados de cosas aberrantes como fachos o nazis. Cosas que no tienen nada que ver con nosotros”. Aseguró que valoran la visión de verdad, memoria y justicia e inmediatamente cuestionó la cifra 30 mil, un número cerrado. “En los ‘70 hubo una guerra y en esa guerra el Estado cometió excesos. Pero también los terroristas de Montoneros y del ERP cometieron crímenes de lesa humanidad”, agregó.

¿De quién es la palabra “libertad”? De todos, de nadie. Es de Miguel, un taxista de Santiago del Estero, padre de dos nenas, hermano de un peronista de raza, se recibió en Informática y tuvo que volverse de San Salvador de Jujuy, donde vivía, porque no podía conseguir trabajo. Sabe conducir colectivos y dejó currículums en “todos lados”. “Pero no tenía el aval político, el contacto”, dice y el corsita que maneja se contonea en este paisaje seco y santiagueño. Acá hace dos meses que no llueve. “¿Y sabe qué? Yo quiero pensar en el futuro. No quiero que me digan qué me van a dar, quiero saber qué puedo conseguir. Y si es gente nueva que nunca hizo política… Qué sé yo: no me importa”, sigue Miguel y cierra con esa frase ya remanida “un país no puede ser distinto…”.

Fuente: (elDiarioAr)

 

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