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Foto: diario La Capital

Pesca deportiva: ¿Matar para la foto?

Días atrás se dio a conocer en diferentes medios la noticia sobre la pesca de una gran raya en el río Paraná, presentando a su pescador como el héroe de la jornada y desconociendo que estos ejemplares se encuentran en serio peligro de extinción.

 

Por MARIO ROVINA de EL MIÉRCOLES

 

"Saqué muchos ejemplares grandes, pero esta es la de mayor porte que me tocó pescar", se enorgullece Wilchen (42 años), quien tuvo que apelar a encarnar con una anguila en un anzuelo, caña y reel para tiburones y una tanza de tal grosor como el que se utiliza para desmalezar con bordeadora.

Así comienza a contar su “hazaña” el pescador deportivo oriundo de Rosario que se atribuye la pesca del enorme ejemplar de raya gigante de río (Potamotrygon brachyura).

Es sabido por todos que el río Paraná atraviesa una de sus bajantes históricas, y que además sus aguas se encuentran amenazadas por la contaminación y saturadas de todo tipo de residuos, y que esto afecta a toda la biodiversidad que depende de sus aguas para vivir, especialmente a los grandes peces que encuentran en sus profundidades el refugio que necesitan para crecer.

Es por eso que ya en 2015 un estudio llevado adelante por los investigadores Luis Lucifora y Pablo Scarabotti del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), advertía que “la raya gigante de río está amenazada por la pesca y la pérdida de hábitat”..

En la parte que va desde la ciudad de Resistencia, en Chaco, hasta Reconquista, en Santa Fe, se practica principalmente la pesca deportiva. También hay pescadores artesanales que buscan al surubí, que se captura en el cauce principal del río con mallones, que son redes con aberturas muy grandes.

Si bien atrapan rayas con este método, la cantidad no es tan importante como en el tramo que va del centro de Santa Fe hasta el delta del Paraná, donde existe la pesca comercial del sábalo, que se hace con redes más chicas en la zona conocida como llanura de inundación, que son pequeñas lagunas y riachos que aparecen cuando el río baja y desaparecen cuando crece. “Ese es el hábitat más usado por las rayas, así que es donde más ejemplares se capturan y donde es más evidente su disminución”, detalla el informe.

Por su condición de vulnerabilidad y por el hecho de no ser en extremo necesaria su pesca, más que para algún efímero registro fotográfico o alguna trasnochada anécdota, es que debemos rever lo que llamamos pesca deportiva de grandes peces.

Por su condición de vulnerabilidad y por el hecho de no ser en extremo necesaria su pesca, más que para algún efímero registro fotográfico o alguna trasnochada anécdota, es que debemos rever lo que llamamos pesca deportiva de grandes peces.

Si bien la pesca deportiva responsable se ha establecido en los últimos años como la norma a seguir entre los pescadores del río, lamentablemente no todos la practican y a veces los limites son difíciles de establecer y cumplir para que el daño ocasionado sea el menor posible.

Es fácil reconocer los beneficios a la salud de quienes practican este entretenimiento, pero también debemos reconocer el impacto que causa las malas prácticas y la sobrepesca, y sobre todo cuando hablamos de grandes peces cuyas poblaciones  se encuentran en franca disminución.

A estas alturas nuestra sociedad cuenta con suficientes recursos e información para que entendamos que estas prácticas ya no son necesarias ni tolerables, si es que queremos realmente conservar nuestros recursos naturales para las presentes y futuras generaciones.

La especie

Las rayas, junto con los tiburones y las quimeras, forman un grupo animal conocido como peces cartilaginosos, ya que su esqueleto está compuesto íntegramente por cartílago. Estos peces figuran entre los animales acuáticos más vulnerables al impacto humano porque tienen tasas reproductivas muy bajas y les cuesta mucho recuperarse de la sobrepesca o la alteración de su hábitat como resultado de la contaminación o modificaciones físicas.

Foto: Ricardo Rivollier

En la cuenca del Plata – que incluye a los ríos de la Plata, Paraná, Paraguay, Uruguay, Pilcomayo y Bermejo, entre otros – es donde habita el pez cartilaginoso de agua dulce más grande del mundo: la raya gigante.

Este pez tiene una llamativa coloración reticulada, similar a la de una jirafa pero con líneas oscuras, y puede superar 200 kg de peso, superando ampliamente el tamaño de otros gigantes, como el surubí o el dorado.

Fuentes: Conicet / La Capital / El Territorio

 

 

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