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PESTICIDAS EN LA SANGRE  

Marta Vergniaud es directora de la escuela privada “República de Italia” de Concepción del Uruguay. Además tiene cátedras en UADER y cursos de secundaria en Colonia Santa Ana en la Escuela Nº24 “Dr. René Favaloro”. Allí fue donde se produjo el episodio que, al tiempo, le reveló la  inquietante novedad: en su sangre había pesticidas. Sin embargo, casi cuatro años después y pese a los reclamos –que incluso llegaron a la justicia–, no se han tomado otras medidas en la zona.

Entrevista “En La Víspera”: AS y VB

Desgravación y foto: MR

 

Resultados del análisis donde constan las dos sustancias pesticidas que aparecieron en la sangre de Marta.

 

Marta es una de los 19 docentes de escuelas fumigadas que en 2014 se hicieron análisis en un laboratorio de La Plata, en los cuales apareció la presencia de pesticidas en su sangre. Aunque hasta el momento no ha tenido consecuencias evidentes en su salud, se ha echado a la espalda el compromiso moral de dar a conocer lo que está ocurriendo en las escuelas rurales, con el fin de empujar un cambio de conciencia para que replantear el sistema productivo.

El 17 de febrero del 2014 estábamos en una instancia de evaluación, es decir que en la escuela había alumnos, colegas, una compañera que estaba embarazada, y vemos que un ‘mosquito’, cruzando la calle, estaba fumigando un campo de soja. En esa ocasión nosotros salimos a ver qué pasaba, el directivo en ese momento no quería tomar ninguna medida, nosotros insistimos y empezamos a tomar fotos. Incluso yo tomé algunas fotos donde se ve claramente el mosquito fumigando frente a la escuela”.

En 2014 ¿ya había alguna legislación que estableciera distancias mínimas para las fumigaciones?

Sí, existía e incluso había un protocolo en relación con las escuelas. Pero cuando nos acercamos al ‘mosquito’, a quien estaba fumigando en ese momento, se negaron a darnos datos sobre los propietarios del campo del sembrado. Insistimos y nos comunicamos con una señora por teléfono, le explicamos que donde estaba fumigando hay una escuela y chicos, y docentes, y la respuesta fue que ella tenía que matar el gusano de la soja.  Ante esto,  y viendo que el directivo de la escuela no tomaba ninguna medida, hice la denuncia en la comisaría de Talita y ahí empezó este peregrinar.

Marta, contando su caso “En la víspera”.

DOCENTES FUMIGADOS

En octubre de 2014 se hizo una audiencia pública en el Congreso de la Nación y se nos invitó a docentes de escuelas fumigadas. Fuimos con Agmer, que nos acompañó y en todo momento estuvo al lado nuestro en este tema, y en esa oportunidad nos ofrecieron a 20 docentes de escuelas rurales hacernos un análisis de sangre que solamente lo hace un laboratorio que está en La Plata, porque los reactivos son muy caros. El resultado fue que de los 20 docentes, 19 tenemos pesticidas en sangre.

¿Eran todos entrerrianos, Marta?  

No, había docentes de otras provincias, pero había muchos docentes entrerrianos. Imaginate, si hay un legado que pienso que le tengo que dejar a mis hijos es la salud y buena calidad de vida. Me asustó saber que tenía los pesticidas en la sangre. Fui a consultar a médicos, por ejemplo a la doctora (Inés) Piñero (jefa de Epidemiología del Hospital Urquiza), que nos acompañó mucho en este tema, y ella me decía que no piense, cosa que hago, no pensar, porque hay una de esas sustancias que se deposita en sangre y si pasa al torrente sanguíneo lo que genera son hemorragias. Pero supongamos que no va a pasar eso, mi caso muestra que seguramente hay muchas personas que les pasa lo mismo y no se enteran, pero pensá que yo a la escuela rural voy tres veces por semana y no he consumido el agua de ese lugar…

Lo que suponés es que si vos, con tres estadías semanales, tenés pesticidas en tu sangre, los chicos que están todos los días y con mayor carga horaria, que consumen el agua o que viven en la zona, deberían tener una presencia aun mayor que la que aparece en tus análisis.

Es lo que me preocupa. Yo inicié una acción legal en 2014 y me avisan hace cuatro meses que se archiva la causa. Yo digo que por favor la reactiven porque quiero que analicen el agua de la escuela, a la que concurren 60 chicos. El Instituto Nacional del Agua hizo un estudio del agua de la escuela y determinó que el agua de la napa está limpia y manda que limpien el tanque y las cañerías, cosa que se hace inmediatamente. El problema es cómo concientizar a las personas que utilizan esta clase de agroquímicos, porque en esa oportunidad nosotros vimos el mosquito y reaccionamos de inmediato, pero ¿y cuando se fumiga fuera del horario? ¿Y el glifosato que sigue estando ahì y se acumula? Hay muchos testimonios de vecinos a los que se les han muerto animales y plantas… Entonces, es un tema sensible porque es una escuela rural que está inserta en una zona donde la actividad de la familia es la producción agrícola. Lo que deben entenderse es que no estamos en contra de la producción y del trabajo del campo, pero creo que debe existir otra forma.

De hecho hay experiencias de otras formas de producción, hay una corriente encabezada por Eduardo Cerdá, reconocido ingeniero agrónomo que viene demostrando desde hace tiempo que se puede producir de una manera limpia con iguales o mejores rendimientos que produciendo con agroquímicos. De manera, que como bien decías Marta, hay otra forma de hacer las cosas.

Sí, existen otras formas de hacer las cosas y tenemos que tomar conciencia de que las escuelas rurales son sumamente importantes.

Vos recurriste a las autoridades educativas de nuestra zona ante esta situación, ¿tuviste respuesta por parte de ellas?

No. En marzo de 2015 envié una carta a quien en ese entonces era directora Departamental de Escuelas, Mary Tourfini de Córdoba, explicándole todo esto que les cuento a ustedes, y ella me respondió pidiéndome datos sobre los dueños del campo y la empresa que fumigaba. A lo que yo le contesto que se dirija a la fiscalía porque a mí me parece que no me corresponde. Entonces yo me pregunto, se fumiga una escuela, se comprueba que un docente de esa escuela (y porque fui solamente yo) tiene pesticida en sangre, ¿no se hace nada, no se va a la escuela, no se pregunta, no se recaba información, no se toma ninguna medida? Yo tengo el acompañamiento de quien es el director en este momento de la escuela, que ha elevado todas las notas que mandé y ha estado acompañándome en esta instancia. Pero me parece que las autoridades todavía no han tomado conciencia de lo que significa. Es una muerte silenciosa, no tiene nada de ostentoso la muerte por pesticidas.

El mosquito fumigando a metros de la escuela.

¿Cuáles son las sustancias que aparecieron en el análisis de tu torrente sanguíneo, y qué riesgos te dijeron los profesionales médicos que podía haber en tu vida cotidiana, en tu salud?

Las sustancias son dos: CLORPIRIFOS ETIL y DIAZINON, ésos son los pesticidas que aparecieron. Y en realidad no se sabe mucho, se sabe por ejemplo que el glifosato es potencialmente cancerígeno, pero en cuanto a estos pesticidas específicos, el único dato que me dieron es que si se deposita en grasa y pasa al torrente sanguíneo puede provocar hemorragias.

Marta, hace pocos días el flamante ministro de Agroindustria de la Nación, que es un productor y dirigente agropecuario entrerriano, dirigente de la Sociedad Rural, dijo que “no pretendan frenar la producción en nombre de una imaginaria pureza ambiental” y también dijo que la problemática de los agroquímicos “no debe ser enfrentada con planteos agoreros y apocalípticos e hijos de la ideología”. ¿Qué pensás de eso?

Yo te voy a contar una anécdota: llego un día a la escuela y me empiezan a llorar mucho los ojos. Me paro fuera de la escuela y veo que todo el borde de escuela estaba quemado el pasto, porque uno de los papás voluntariosos –seguramente sin ninguna mala intención– había puesto “Roundup” (una de las marcas comerciales de glifosato) en el borde de toda la escuela. Cuando voy a mi dermatóloga, me explica que es lo primero que te ataca el pesticida. Otra vez el vecino fumiga y a la señora que está enfrente del establecimiento le mata los animales y le arruina todos árboles. Ese pesticida se deposita en la escuela también. Cuando hablamos de esto que, para nuestro ministro parece ser “ideológico”, hablamos de la cotidianidad y de la vida de personas que están instaladas en el medio y que los mata. Sí, vamos a seguir cosechando muchísima soja. Pero ¿al costo de qué? Para mí no es cómodo estar en este lugar, pero uno no puede andar por la vida cometiendo pecado de omisión, y lo digo sin ser creyente. Porque esto pasó en una escuela donde van 60 chicos y si nosotros seguimos callándonos la boca la impunidad con que se manejan estas cuestiones va a seguir ocurriendo. Esto no es una cuestión de ideología.

ESTADO AUSENTE

Y respecto a la intervención de las autoridades, si recordamos el caso de la escuela de Santa Anita, que hace poco obtuvo una condena efectiva por una fumigación no autorizada, aunque inicialmente los docentes presentaron la denuncia, el Ministerio Público Fiscal debió actuar porque se trataba de una una escuela pública. ¿En la situación que contás no ha ocurrido eso?

Sí, todo esto lo llevó adelante el fiscal (Fernando) Martínez Uncal y yo traje todas las cartas que mandé, yo estoy notificando de esto a la Dirección Departamental de Escuelas. Pero además en su momento le escribí al laboratorio para preguntarle cuánto salía analizar el agua de la escuela, y el costo era de 6 mil pesos, no estamos hablando de una cifra sideral. Si las autoridades hubieran tenido interés, esto lo hubieran resuelto muchísimo más rápido. La escuela rural en la que yo trabajo recibe muchísimos chicos de la ciudad, chicos que han fracasado por distintas causas en las escuelas urbanas, van allá y tienen una carrera exitosa en las escuelas rurales, hay que preservar las escuelas rurales porque tienen mucha matricula, al menos en la escuela donde yo trabajo de los casi 60 chicos más de 20 son de la ciudad.

¿Qué pasos pensás dar, a partir de esto que nos estás contando?

La finalidad que yo tenía cuando empecé este camino era que analicen el agua de la escuela, eso lo hizo el Instituto Nacional del Agua: se tomaron 29 muestras del agua de la escuela e intimaron al directivo a que en siete días limpiaran el tanque y las cañerías del agua, cosa que se hizo para que el agua puedan consumirla los chicos. Según ese análisis el agua de la napa no tenía pesticidas.

Es decir que los docentes que tienen pesticidas en su sangre, como es tu caso, no puede ser producto del consumo del agua del lugar, sino de otros factores, que podrían ser las fumigaciones que se dan en la zona.

Claro, la escuela está rodeada de campos y la fumigación si no se hace con la presencia de los chicos dentro de la escuela se hace fuera del horario, pero evidentemente afecta la salud.

 

(Entrevista realizada en el programa En la víspera, que se emite en LT11 Radio Nacional Concepción del Uruguay, los martes a las 21.30 y es producido por El Miércoles Comunicación y Cultura Cooperativa de Trabajo Ltda).

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